
Hoy charlamos con Enrique Alda, artista y acuarelista, para conocer un poco mejor su trayectoria, su manera de entender la pintura y su particular relación con el paisaje y la naturaleza. Hablamos sobre sus influencias, su proceso creativo, los materiales que utiliza y esa búsqueda constante por encontrar la esencia de las cosas a través de la mancha y el agua.
¿De dónde nace tu relación con el arte y cómo comenzó tu camino como artista?
Mi profesión ha estado vinculada durante toda la vida al mundo de la publicidad. Como director creativo, la relación con la actividad artística, en todas sus facetas, ha sido una constante en mi día a día. Pero más allá de mi trabajo, hay una conexión mucho más personal: desde niño he dibujado y pintado. Es algo que siempre ha estado ahí, como una forma natural de mirar y relacionarme con el mundo.
¿Cómo describirías tu estilo y de qué manera ha evolucionado con el tiempo?

Me muevo dentro del realismo, aunque cada vez más desde la síntesis. Me interesa captar la esencia de las cosas más que reproducirlas de manera literal. Con el paso de los años siento que mi pintura ha ido desprendiéndose de elementos accesorios y que ese proceso sigue en marcha. De hecho, creo que acabaré siendo un poco más abstracto cada día.
¿Qué influencias o artistas han marcado tu trayectoria?
Desde el principio hubo dos corrientes que me atrajeron especialmente: la abstracción y el impresionismo. Son dos territorios en los que me siento cómodo y entre los que me gusta moverme. Si tuviera que señalar algunas referencias fundamentales, me quedaría con Fernando Zóbel, con Chillida y con Monet. Los tres, desde lenguajes muy distintos, han sido para mí una fuente constante de inspiración.
¿Qué temas te inspiran y qué buscas transmitir con tu obra?

Pinto paisaje preferentemente. Me atrae especialmente la presencia de los árboles porque donde hay árboles hay vida. Los bosques me sugieren muchas cosas y encuentro en ellos una riqueza visual y emocional inagotable. No busco transmitir un mensaje concreto, sino dejar que esas sensaciones que encuentro en la naturaleza aparezcan también en la pintura.
¿Cómo es tu proceso creativo, desde la idea inicial hasta la obra terminada?
Cada mañana empiezo del mismo modo: frente a un papel en blanco y sin referencias. Me gusta que sea la propia mancha la que vaya marcando el camino y guiando el proceso. No disfruto cuando tengo que ceñirme a una realidad concreta o copiar lo que veo exactamente. Prefiero que la pintura tenga margen para sorprenderme. Curiosamente, cuando dibujo ocurre lo contrario: ahí sí me vuelvo más obediente y disciplinado.
¿Qué materiales o herramientas consideras imprescindibles en tu trabajo?
Trabajo fundamentalmente con acuarela. Y si tuviera que destacar un elemento imprescindible sería el agua. Necesito agua en cantidad suficiente para que fluya libremente y para que, de alguna forma, pinte sola. Gran parte de la magia de la acuarela nace precisamente de esa capacidad de dejar que el agua participe en el proceso creativo.
¿Qué consejo darías a quienes están empezando en el mundo del arte?
Les diría que dibujen. Que dibujen constantemente. El dibujo es una escuela permanente de observación y aprendizaje. Y que poco a poco vayan incorporando la mancha a las líneas del dibujo, hasta que llegue un momento en el que ya no necesiten distinguir entre una cosa y otra. Hasta que, en cierto modo, solo dibujen mancha.
¿En qué proyectos estás trabajando actualmente o qué te gustaría explorar en el futuro?
No tengo grandes planes ni proyectos definidos a largo plazo. Mi plan es mucho más sencillo: pintar mañana. Y pasado mañana. Y al otro. Y al otro. Seguir pintando, seguir explorando y seguir disfrutando del proceso día tras día. Ahí está realmente el proyecto.
Muchas gracias, Enrique, por compartir con nosotros tu tiempo, tu experiencia y, sobre todo, tu manera de entender y disfrutar del arte. Ha sido un placer conocer un poco más de cerca tu trayectoria y tu visión de la pintura.
Artemiranda